Mientras Europa se prepara para entregar los Premios Europeos del Patrimonio/Premios Europa Nostra de este año, considerados la máxima distinción patrimonial del continente, los proyectos premiados plantean una pregunta más amplia: ¿Qué se deberían hacer con los edificios sagrados ante la disminución de la asistencia a las iglesias y el declive de las comunidades religiosas?
Estos premios anuales, cofinanciados por el programa Europa Creativa de la Unión Europea, reconocen proyectos de conservación excepcionales, que a menudo aportan visibilidad internacional, turismo y financiación a los sitios patrimoniales.
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Entre los 30 galardonados de este año, provenientes de 18 países, hay dos proyectos que se han erigido como símbolos del rico patrimonio cristiano de Europa y de los crecientes desafíos que rodean su futuro: la restauración de la cúpula del siglo XVIII de la iglesia de las Escuelas Pías en Valencia (España), y la reutilización adaptativa del Monasterio Benedictino de San Benedetto Po en el norte de Italia.
Un símbolo restaurado
En Valencia, la restauración de la cúpula buscó preservar la iglesia de las Escuelas Pías como un espacio sagrado activo, al tiempo que introdujo actividades culturales cuidadosamente gestionadas para apoyar la sostenibilidad a largo plazo.
La emblemática estructura, una de las cúpulas de mampostería más grandes de España, fue sometida a una meticulosa restauración que combinó la artesanía tradicional con técnicas modernas de conservación. Miles de tejas fueron examinadas y reemplazadas individualmente, mientras que la cúpula en sí fue estabilizada y renovada.
El profesor Jacek Purchla, presidente del jurado de los Premios Europa Nostra, declaró a EWTN News —agencia en inglés de EWTN— que el proyecto destacó tanto por su calidad técnica como por su valor simbólico. “La cúpula es un elemento distintivo del perfil urbano de Valencia y pertenece a la tradición europea de la arquitectura monumental con cúpulas que surgió en el Renacimiento”, afirmó. “Tiene un gran valor simbólico para la ciudad”.
La restauración también hizo hincapié en la participación de la comunidad. Seminarios, visitas guiadas y exposiciones atrajeron a más de 46.000 visitantes, mientras la iglesia permaneció abierta al culto.
El arquitecto del proyecto, Luis Cortés-Meseguer, declaró a EWTN News que el objetivo nunca fue transformar la iglesia en un espacio puramente comercial o secular.
“El reto consistía en preservar su identidad litúrgica y simbólica, a la vez que se abría a usos culturales compatibles que garantizaran su conservación a largo plazo”, afirmó.
En un documento compartido con EWTN News antes de su publicación, Cortés-Meseguer describe el enfoque no simplemente como “reutilización”, sino como “reempleo” del espacio sagrado, un modelo destinado a revitalizar iglesias históricas preservando su identidad original.
Del declive a la renovación
En contraste, el Monasterio Benedictino de San Benedetto Po en Italia ilustra cómo la reutilización adaptativa, que otorga a los edificios históricos nuevas funciones cívicas, culturales o comerciales, también puede desempeñar un papel fundamental en la preservación del patrimonio religioso.
Fundado en 1007 y en su día uno de los centros monásticos más importantes de la Europa medieval, el vasto complejo había caído en un grave declive a principios de la década de 2000. Tras un gran terremoto en 2012, casi 20.000 metros cuadrados quedaron inutilizables.
Tras ser incluido en la lista de los “7 sitios patrimoniales más amenazados” de Europa Nostra en 2013, un largo proceso de restauración transformó gradualmente el monasterio en un vibrante centro cívico y cultural. Hoy en día, el complejo alberga un museo, una biblioteca, una academia de música y espacios de exposición.
“Nuestro jurado internacional seleccionó el monasterio como un claro ejemplo de reutilización adaptativa que respeta la integridad histórica”, afirmó Purchla, describiéndolo como un “modelo de referencia transferible para sitios patrimoniales amenazados en toda Europa”. La restauración, añadió, demuestra cómo “la conservación del patrimonio puede coexistir con nuevos usos culturales y sociales”.
Más allá de la arquitectura
En toda Europa, la disminución de la asistencia a las iglesias, la reducción de las comunidades religiosas y el aumento de los costes de mantenimiento están dejando muchos edificios religiosos infrautilizados o en riesgo de abandono.
Sin embargo, no todas las formas de reutilización son igualmente bien recibidas. En la ciudad belga de Gante, la reconversión de la iglesia de Santa Ana del siglo XIX en un supermercado, un restaurante y una vinoteca reavivó el debate sobre la transformación de los espacios sagrados. La cadena de supermercados belga Delhaize obtuvo un contrato de arrendamiento de 99 años y comenzó las obras de renovación a principios de 2025, con la reapertura prevista para otoño de 2027.
Sus defensores argumentan que el proyecto ofrece un futuro viable para un edificio que, de otro modo, podría quedar vacío y deteriorarse. Los críticos cuestionan si con los usos comerciales se corre el riesgo de erosionar el significado cultural y espiritual de los antiguos lugares de culto.
Según los expertos en patrimonio, lo que está en juego va más allá de la arquitectura.
“En toda Europa, las iglesias y los lugares de patrimonio religioso no son solo monumentos históricos o estructuras arquitectónicas, sino lugares que albergan un alma, una memoria y una función social vital para las comunidades”, declaró un portavoz de la Comisión de las Conferencias Episcopales de la Unión Europea (COMECE).
En 2018, el Consejo Pontificio para la Cultura publicó las Directrices para el Desmantelamiento y la Reutilización Cultural de Iglesias, el documento de referencia permanente de la Santa Sede sobre el tema.
En busca de consenso
A medida que se intensifican los debates sobre la reutilización, organizaciones como Future for Religious Heritage y COMECE trabajan cada vez más para desarrollar enfoques compartidos sobre cómo preservar, adaptar y mantener las iglesias, respetando su identidad histórica y espiritual.
“No existe un único enfoque para adaptar o añadir nuevos usos a los edificios religiosos”, declaró Jordi Mallarach, director ejecutivo de Future for Religious Heritage, a EWTN News. Los proyectos exitosos, explicó, buscan en última instancia preservar el “espíritu del lugar”, manteniendo el simbolismo y la identidad histórica de los espacios sagrados incluso al introducir nuevos usos.
A través de iniciativas como el New European Bauhaus Lab, COMECE afirma que está reuniendo a iglesias, organizaciones patrimoniales, autoridades públicas y comunidades locales para reflexionar sobre soluciones sostenibles para el patrimonio religioso europeo.
Se prevé que las cuestiones relativas al futuro de los espacios sagrados de Europa ocupen un lugar destacado durante la Cumbre Europea del Patrimonio Cultural de 2026, donde los ganadores de este año serán homenajeados del 26 al 30 de mayo en Nicosia, Chipre.
Fuente: aciprensa.com






