En los últimos cuatro años, Chile ha vivido el período más mortífero asociado a incendios forestales. Sólo entre 2023 y 2026, el fuego ha dejado 193 personas fallecidas, una cifra inédita que incluye tragedias como el megaincendio de la Región de Valparaíso en febrero de 2024 –con 138 víctimas fatales–, más de 20 muertes en los incendios del centro-sur en 2023 y otras 21 personas fallecidas en la actual temporada 2025-2026, pese a que en este último ciclo ha disminuido el número de incendios si se le compara con la temporada anterior y con el quinquenio pasado.
Las cifras oficiales del Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) se entregan por año calendario, entre el 1 de enero y el 31 de diciembre, y no por temporadas de incendios forestales, que se extienden desde el 1 de julio al 30 de junio del año siguiente. Bajo esa medición, en 2023los siniestros registrados en Ñuble, Biobío y La Araucanía provocaron 28 fallecidos. En 2024, el incendio que arrasó con Viña del Mar y otras comunas de la Región de Valparaíso causó 138 muertes, convirtiéndose en el segundo incendio forestal con más víctimas fatales a nivel mundial en lo que va del siglo, solo superado por los incendios de Australia en 2009. En 2025 se registraron seis fallecidos y, en lo que va de 2026, se suman 21 víctimas, principalmente en las localidades de Lirquén y Penco, en la Región del Biobío.
El contraste con los años previos es notorio. Entre 2018 y 2022, los incendios forestales provocaron 15 muertes: tres en 2018, tres en 2019, tres en 2020, dos en 2021 y cuatro en 2022. En apenas cuatro años posteriores, esa cifra se multiplicó por más de 12.
En términos de superficie, los incendios que han consumido mayor cantidad de hectáreas, de acuerdo con la Corporación Nacional Forestal (Conaf), son los de las temporadas 2016-2017 y la temporada 2022-2023. Entre el 2 de enero y el 10 de febrero de 2017 se registraron los incendios forestales más destructivos, con 570.197 hectáreas afectadas; emergencia que costó la vida de 11 personas (4 civiles, 3 brigadistas de Conaf, 2 Carabineros y 2 Bomberos). Mientras que en 2022-2023, se consumieron 429.103 hectáreas.
“El cuatrienio más catastrófico de la historia”
El experto en gestión de emergencias, Michel De L’Herbe, advierte que Chile atraviesa “el cuatrienio más catastrófico de la historia” en términos de pérdida de vidas: “Poniendo como primera prioridad el proteger y salvar vidas, el balance ha sido el más catastrófico del que exista recuerdo. Con cerca de 200 personas fallecidas, no hay otro cuatrienio comparable”. De L’Herbe advierte que este hecho “parece estar ausente del debate”, porque el problema sigue siendo abordado de manera fragmentada.
De L’Herbe apunta a una distorsión de fondo en la forma en que el Estado mide y gestiona las emergencias. “La primera prioridad en toda la gestión –mitigación, prevención, preparación, respuesta y recuperación– debe ser proteger y salvar vidas. Luego viene la protección de la economía. Ese debería ser el orden de prioridad, tanto en las acciones como en los indicadores”, sostiene. Sin embargo, añade que el sistema chileno continúa centrado en métricas forestales. “Los indicadores más relevantes siguen estando en Conaf y no en el sistema de emergencia, donde la información debería estar integrada. Así, uno puede tener una temporada buena en superficie o número de incendios, pero que al mismo tiempo sea la más catastrófica en vidas humanas”, dice.
“Un incendio puede volverse incontrolable, y muchos incendios, incluso pequeños, pasan en algún momento de su evolución por una fase de incontrolabilidad. Pero eso no implica necesariamente que haya personas muertas”, subraya De L’Herbe.
Criterios políticos
En la misma línea, el exdirector ejecutivo de la Corporación Nacional Forestal (Conaf), José Manuel Rebolledo, plantea que, cuando hay víctimas fatales,“ya no estamos frente a un problema forestal, sino de seguridad pública y protección civil”, y plantea que la respuesta del Estado debería involucrar desde el inicio no solo a Conaf y Bomberos, sino también a municipios, Fuerzas Armadas y al sector privado. En su lugar, apunta a la ausencia de políticas robustas de prevención en un país donde el 99,7% de los incendios son provocados por acción humana.
“Aquí se privilegió un criterio político y se designó a personas que no tienen ‘humo en el cuerpo’, es decir, sin experiencia directa en incendios forestales, aunque sí con trayectoria en otras áreas del ámbito forestal. Hoy Conaf cuenta con profesionales capacitados para dirigir incendios, pero muchos de ellos no fueron considerados por no pertenecer a un partido político, eso creo que es un tremendo error”, advierte Rebolledo, al ser consultado sobre cómo se explica el elevado número de víctimas fatales en los incendios de los últimos cuatro años.
Para Rebolledo, “no se toman las moralejas de las experiencias dolorosas donde compatriotas inocentes mueren por la negligencia técnica de cómo se gestiona una temporada de incendio”.
Por su parte, el exdirector de la Onemi (actual Senapred), Ricardo Toro, explica que el país enfrenta incendios de “sexta generación”, de rápida propagación y creciente impacto urbano, sin una preparación adecuada de las comunidades ni una implementación efectiva de los sistemas de prevención y evacuación. Con respecto a la politización de los espacios que debiesen estar destinados a atender las emergencias, señala que Senapred es eminentemente técnico, pero en Conaf “se dan otras dinámicas”, en que la rotación en cargos como el de la Gerencia de Incendios hace que se pierda la expertise y esos cambios en el personal no necesariamente responden a razones políticas.
Falta de preparación y planificación territorial.
Toro señala que “producto del cambio climático, los eventos han sido cada vez más extremos y mucho más frecuentes. Todos los escenarios han sido peores que los años anteriores y la situación ha ido sobrepasando la estructura disponible”, sostiene.
Explica que los incendios de sexta generación “llevan su propio viento interno, lanzan pavesas, cambian de dirección y no cambian mucho la dinámica del día y la noche, lo que hace mucho más difícil combatirlos”.
Uno de los principales déficits, según el exjefe de la Onemi, está en la falta de preparación y planificación territorial. “Muchas comunas no han elaborado los planes de reducción del riesgo de desastres, que determinan qué capacidades deben desarrollar para disminuir su vulnerabilidad frente a los incendios”, afirma, subrayando que no se trata solo de responder a la emergencia, sino de anticiparse: “Si hay que hacer cortafuegos, analizar el tipo de plantaciones o evaluar el crecimiento urbano en zonas de riesgo, eso debe estar definido antes”.
En ese contexto, Toro enfatiza que la evacuación es uno de los puntos más críticos: “Cuando un incendio de estas características no se evacúa oportunamente, y cuando ya está encima, es muy difícil hacerlo”. Subraya que el foco debe estar en la prevención y la preparación de la población. “Hay que avanzar hacia evacuaciones preventivas” e insiste en que también se requiere una cultura de respuesta temprana: “La población muchas veces espera hasta el último minuto, y eso es parte del problema”.
De L’Herbe cuestiona el funcionamiento del sistema de alerta y evacuación. “El único propósito de un sistema de alerta es proteger y salvar vidas. Pero hoy lo que tenemos es básicamente una mensajería al celular, no una operación de evacuación”, afirma. Recuerda que dos comisiones investigadoras del Congreso ya han concluido que el SAE es insuficiente y que Interior y Senapred son responsables de generar cambios que, hasta ahora, no se han implementado.
De L’Herbe insiste en que se requiere una aproximación integral en la gestión de emergencias. A su juicio, la falta de cambios reales ha llevado a una peligrosa normalización del desastre: “Tenemos cifras demasiado catastróficas y, sin embargo, seguimos repitiendo los mismos errores. Nos estamos acostumbrando al desastre”.
Fuente: actualidad.rt.com





