Donald Trump emprende la primera visita de un presidente estadounidense a China en casi una década, ansioso por cerrar algunos acuerdos, mantener una frágil tregua comercial con la segunda economía mundial y apuntalar los índices de aprobación pública, maltrechos por su guerra con Irán.
El presidente estadounidense Donald Trump aterrizó en Beijing para su cumbre con su par chino Xi Jinping. El inquilino de la Casa Blanca no tiene programados actos públicos más allá de su llegada el miércoles, pero tiene previsto reunirse con Xi varias veces el jueves y el viernes, informó The Associated Press.
Tras el aterrizaje del Air Force One, se extendió una alfombra roja en su honor.
Según la Casa Blanca, el presidente Trump sería recibido por el vicepresidente chino Han Zheng; Xie Feng, embajador de China en Washington; Ma Zhaoxu, viceministro ejecutivo de Asuntos Exteriores; y el enviado estadounidense a Beijing, David Perdue.
La ceremonia de bienvenida contó con la presencia de unos 300 niños chinos, una guardia de honor militar y una banda militar.
Los niños ondearon al unísono banderas estadounidenses y chinas en miniatura “¡Bienvenidos, bienvenidos! ¡Una cálida bienvenida!“, coreaban en chino.
Trump saludó a los dignatarios tras bajar del avión, luego se detuvo y sonrió, contemplando la escena. No respondió preguntas, sino que subió a una limusina camino a su hotel.
Tras descender del avión, bajaron su hijo, Eric, y su nuera, Lara Trump, así como varios acompañantes, entre ellos el director de SpaceX, Elon Musk.
También acompaña a Trump el CEO de Nvidia, Jensen Huang. Según Reuters, el mandatario le pidió a Huang en el último minuto que se uniera al viaje, según una fuente familiarizada con el asunto que habló bajo condición de anonimato, y se le vio abordando el Air Force One durante una escala para repostar en Alaska de camino a Beijing.
Los directores ejecutivos que acompañan a Trump provienen principalmente de empresas que buscan resolver problemas comerciales con China, como Nvidia, que ha tenido dificultades para obtener la autorización regulatoria para vender allí sus potentes chips de inteligencia artificial H200.
“Le pediré al presidente Xi, un líder de extraordinaria distinción, que ‘abra’ China para que estas personas brillantes puedan desplegar su talento”, dijo Trump en una publicación en Truth Social, refiriéndose a la delegación de directores ejecutivos. “Esa será mi primera petición”, agregó.
Al ser consultado sobre la publicación de Trump, Guo Jiakun, portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, afirmó que Beijing está dispuesto a “ampliar la cooperación, gestionar las diferencias e inyectar mayor estabilidad y certidumbre en este mundo convulso”.
El presidente estadounidense no tiene más compromisos públicos hasta el jueves. Según CNN, a las 8:00 hora local (20:00 del miércoles en Chile), Trump participará en una sesión ejecutiva. Esta sesión será a puerta cerrada para la prensa.
Dos horas después, a las 10:00 hora local (22:00 del miércoles en Chile), Trump será recibido por Xi en el Gran Salón del Pueblo en Beijing. Poco después, ambos participarán en una reunión abierta a la prensa. Más tarde, a las 18:00 hora local (6:00 del jueves en Chile), los dos líderes participarán en un banquete de Estado.
Trump emprende la primera visita de un presidente estadounidense a China en casi una década, ansioso por cerrar algunos acuerdos, mantener una frágil tregua comercial con la segunda economía mundial y apuntalar los índices de aprobación pública, maltrechos por su guerra con Irán.
Los dos días de reuniones de Trump incluirán una gran recepción en el Gran Salón del Pueblo, una visita al Templo del Cielo, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y un banquete de Estado.
La IA como tema y paralelos con cita de 1972
Según el columnista del diario The New York Times y tres veces ganador del premio Pulitzer, Thomas L. Friedman, la cumbre entre Donald Trump y Xi Jinping podría ser el encuentro “más significativo” entre líderes estadounidenses y chinos desde que Richard Nixon se reunió con Mao Zedong en Beijing en 1972.
“Esa cumbre atenuó décadas de animosidad sino-estadounidense y forjó una alianza tácita entre Estados Unidos y China contra la Unión Soviética. Esta cumbre se produce en un momento de transformación similar en los asuntos mundiales, cuando existe una nueva amenaza común tanto para China como para Estados Unidos”, escribió Friedman en una columna en el Times.
“Se trata de un trastorno que se extiende rápidamente y que podría desestabilizar al mundo y perjudicar a ambos países, a menos que encuentren la manera de competir y colaborar simultáneamente para hacer frente a una lista cada vez mayor de desafíos. Estos desafíos solo pueden afrontarse con éxito mediante la acción colectiva, comenzando por que Estados Unidos y China establezcan conjuntamente salvaguardias contra los usos maliciosos de la IA (Inteligencia Artificial), ahora que los modelos más recientes han demostrado capacidades de ciberataque asombrosamente poderosas”, advirtió.
Pero Rana Mitter, profesor de Relaciones entre Estados Unidos y Asia de la Kennedy School de la Universidad de Harvard, comentó en una columna para The Conversation que la cumbre Trump-Xi “no será un momento tipo ‘Nixon en China’”. “Por ahora, basta con que estén hablando”, señaló.

Según el académico, las reuniones entre líderes chinos y estadounidenses no son precisamente rutinarias, “pero pocas resultan históricamente trascendentales”.
“Entre las excepciones se encuentra la primera visita de un presidente estadounidense en ejercicio a China, cuando Richard Nixon se reunió con el presidente Mao Zedong en Beijing en febrero de 1972, en un momento en que Estados Unidos ni siquiera reconocía formalmente a la República Popular China. La visita de Deng Xiaoping a Estados Unidos en 1979 generó un momento igualmente emblemático cuando el líder reformista chino lució un sombrero Stetson en un rodeo de Texas, señal de su disposición a entablar relaciones con Estados Unidos de una manera que Mao solo contempló hacia el final de su vida”, escribió Mitter.
A su juicio, Trump “podría albergar la esperanza de que su visita tenga una trascendencia histórica similar a la de aquellos momentos de hace medio siglo. Al fin y al cabo, será el primer encuentro cara a cara entre líderes estadounidenses y chinos en Beijing desde la visita del propio Trump hace casi una década, en 2017″.

“Sin embargo, es probable que los resultados de esta cumbre entre Trump y Xi Jinping sean inciertos, ya que los objetivos de ambos líderes aún no están del todo claros. La visita responde a imperativos comerciales, pero existen otros problemas que amenazan las relaciones entre Estados Unidos y China a largo plazo”, prosiguió.
Por ello, plantea Mitter, “será extremadamente difícil para ambas partes abordar estas divisiones más profundas. De hecho, como analista de las relaciones entre Estados Unidos y China, creo que las dos mayores economías del mundo mantendrán una relación esencialmente competitiva durante los próximos años, y cada vez es más difícil encontrar áreas de cooperación viables, ya sea en materia de cambio climático o regulación de la IA”.
Coincidiendo con Friedman, el académico de Harvard señala que “un tema de debate más incipiente, pero cada vez más importante, durante la cumbre Xi-Trump es la tecnología en general y la inteligencia artificial en particular”.
“¿Qué trascendencia tendrá la cumbre Trump-Xi? Bueno, no esperen otro encuentro como el de Nixon y Mao», reitera Mitter.
“Las circunstancias, más de medio siglo después, son notablemente diferentes. La China actual, a diferencia de 1972, cuenta con una economía y un Ejército solo superados por los de Estados Unidos, y ocupa una posición central en organizaciones globales, desde las Naciones Unidas hasta la Organización Mundial del Comercio, especialmente ante el repliegue de Estados Unidos de dichas instituciones”, destaca.
Y concluye: “Tanto Estados Unidos como China saben que, en el mejor de los casos, pueden esperar una cooperación limitada de su adversario”.
Fuente: latercera.com





