Venezuela enfrenta una transición decisiva: liderazgo que inspire o continuidad disfrazada

Venezuela enfrenta una transición decisiva: liderazgo que inspire o continuidad disfrazada

Una de las condiciones planteadas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, para avanzar hacia una transición política en Venezuela es el retorno de la oposición política al país, como parte del proceso de reconstrucción institucional y democrática. Esta exigencia abre una oportunidad histórica, pero también encierra un riesgo: quiénes serán los actores que intenten conducir esa transición.

Es necesario dejarlo claro desde el inicio: no toda persona que se autodenominó “oposición” actuó realmente contra el régimen. Durante años existió un sector político que fue funcional al chavismo, que sirvió como muro de contención frente a la presión social, especialmente cuando estudiantes, jóvenes y ciudadanos salían a las calles exigiendo un cambio real en 2014 y 2017.

Mientras miles enfrentaban cárcel, persecución, exilio o muerte, ese sector optó por convivir con el autoritarismo, administrar el descontento ciudadano y canalizar la protesta hacia salidas controladas que no produjeron transformación alguna. Su rol no aceleró la transición: la retrasó, debilitando los esfuerzos genuinos impulsados desde la sociedad civil y el movimiento estudiantil.

Hoy, ese grupo carece de respaldo popular auténtico. Su única posibilidad de supervivencia política es reagruparse con sectores del chavismo originario que ahora se presentan como “moderados”, construyendo una narrativa de supuesta reconciliación nacional. Sin embargo, esa propuesta no se basa en la verdad ni en la justicia, sino en el olvido y la impunidad. Se trata de continuidad disfrazada de consenso.

El chavismo apuesta por esta fórmula porque es segura para sus intereses: con actores funcionales se puede pactar todo, incluso el futuro del país, sin que nadie rinda cuentas por los daños causados a la nación.

En este contexto emergen cuatro bloques políticos claramente diferenciados:

1. Una nueva generación de liderazgo democrático, formada en el exilio, la persecución, la cárcel y las luchas estudiantiles de 2014 y 2017. Este sector no viene del pacto ni de la resignación, sino del sacrificio, y representa la posibilidad de una ruptura real con el modelo autoritario.

2. María Corina Machado, como figura con legitimidad social y un discurso de confrontación directa al sistema de impunidad, identificada por amplios sectores como una opción de liderazgo para una transición auténtica.

3. La coalición del chavismo reciclado con sectores opositores funcionales, que promueve una transición controlada, sin responsabilidades políticas ni justicia, bajo el discurso de la moderación y la reconciliación superficial.

4. El chavismo de línea dura, debilitado políticamente pero aún con capacidad de presión y sabotaje frente a cualquier cambio que amenace su poder estructural.

Venezuela no solo necesita una transición política; necesita liderazgo que inspire, que devuelva al ciudadano la confianza en la política y la creencia de que es posible construir un futuro mejor. La transición no puede ser dirigida por quienes fallaron cuando más se les necesitó ni por quienes usaron la negociación permanente como sustituto del coraje democrático.

El país enfrenta una decisión histórica: renovar su liderazgo y reconstruir la República, o aceptar una transición sin alma que repita los errores del pasado. La verdadera reconciliación solo será posible con verdad, justicia y una renovación política real que abra oportunidades y esperanza a todos los venezolanos.