La Administración Trump insiste: «No podemos fingir ser socios mientras permitan que la burocracia no electa y antidemocrática implemente políticas de suicidio civilizatorio».
Horas después de publicar su Estrategia de Seguridad Nacional 2025, un documento que formaliza por escrito el giro radical de Estados Unidos en su concepción de la Política Exterior y la (poca) importancia de sus alianzas históricas, el Gobierno de Donald Trump ha redoblado sus ataques contra la Unión Europea. En ese papel, que el viernes conmocionó a un Viejo Continente sorprendentemente naíf todavía pese a los constantes desplantes de Washington, la Administración afirmaba que Europa en 20 años no «tendrá economías y ejércitos lo suficientemente fuertes como para seguir siendo aliados fiables».
Pero este sábado el número 2 del Departamento de Estado, Christopher Landau, ha ido más allá nada más regresar de una reunión de la OTAN en la capital belga: «No podemos fingir ser socios mientras esas naciones permitan que la burocracia no electa, antidemocrática y poco representativa de la UE en Bruselas implemente políticas de suicidio civilizatorio», ha escrito en sus redes sociales.
No es un exabrupto, sino parte de la estrategia o de la táctica. El documento estadounidense, «un modelo para un orden internacional antiliberal», en palabras Tom Wright, experto en política exterior de la Brookings Institution y que formó parte del Consejo de Seguridad Nacional durante la administración Biden. «Ve a China casi exclusivamente a través de una lente económica, guarda silencio sobre la amenaza rusa y dedica la mayor parte de su energía a perseguir a los aliados europeos«. Y lo que ha hecho hoy Landau se encuadra en la misma línea que lo que hizo el vicepresidente J.D. Vance en Múnich a principios de año. En lo que Donald Trump sostiene desde hace lustros, que «la UE se creó para joder a EEUU». Y en los intentos cada vez más obvios de desmontar al principal bloque comercial del planeta.
«La burocracia de la UE está asfixiando lentamente a Europa hasta la muerte», ha reaccionado Elon Musk en su red social. «Hay que abolir la UE», ha dicho. «La soberanía debería ser devuelta a los países individuales, para que los gobiernos puedan representar mejor a sus pueblos», ha escrito en algunas de las decenas y decenas de mensajes publicados en las últimas horas, después de que la Comisión Europea impusiese una multa de 120 millones a X, su red social.
El mensaje de Landau tiene especial relevancia porque él ha sido el representante de EEUU en la reunión ministerial de la OTAN de esta semana en Bruselas. Debía ir Marco Rubio, pero éste ha optado simplemente por ignorar la cita. Ocurre que algún ministro no pueda ir ocasionalmente, pero es raro que falte el estadounidense, pues su país es el corazón de la Alianza. Y sobre todo, es inédito que lo haga sin ningún problema de agenda concreto, sino para mandar un mensaje claro de desinterés, de distanciamiento.
Landau, que se autoproclama en las redes sociales «el quitavisados», y presume de revisar el estatus legal de extranjeros que critican a la Administración, ha asegurado que su reciente viaje a Bruselas le dejó «una impresión predominante: «Estados Unidos ha ignorado durante mucho tiempo la flagrante inconsistencia entre sus relaciones con la OTAN y la UE. Se trata prácticamente de los mismos países en ambas organizaciones. Cuando estos países se identifican con la OTAN, insisten en que la cooperación transatlántica es la piedra angular de nuestra seguridad mutua. Pero cuando se identifican con la UE, persiguen todo tipo de agendas que, a menudo, son totalmente contrarias a los intereses y la seguridad de Estados Unidos, incluyendo la censura, el suicidio económico/fanatismo climático, la apertura de fronteras, el desprecio por la soberanía nacional/promoción de la gobernanza y la fiscalidad multilaterales, o el apoyo a la Cuba comunista, etc. Esta inconsistencia no puede continuar», avisaba.
Su mensaje replica el contenido de la Estrategia de Seguridad. «O las grandes naciones de Europa son nuestros socios en la protección de la civilización occidental que heredamos de ellas, o no lo son. Pero no podemos fingir ser socios mientras esas naciones permitan que la burocracia no electa, antidemocrática y poco representativa de la UE en Bruselas implemente políticas de suicidio civilizatorio», ha escrito, avisando de que «las naciones de Europa no pueden mirar a Estados Unidos para su propia seguridad al mismo tiempo que socavan afirmativamente la seguridad de los propios Estados Unidos a través de la UE (no electa, antidemocrática y no representativa)».
Parte de esa planificación, en absoluto secreta, es ayudar a sus aliados «patriotas» a llegar al poder para desmontar la UE que tanto desprecian. Y esos aliados han sido los primeros en responder a la llamada. «La multa de X impuesta por Bruselas es un atentado contra la libertad de expresión. Con la DSA, que la Liga —y solo la Liga, el único partido italiano que votó en contra en Europa— siempre ha denunciado como un arma de censura, la UE utiliza sus normas para atacar a quienes dan voz a quienes piensan diferente. No a la ley mordaza europea: viva la libertad, siempre», ha afirmado el italiano Matteo Salvini. «Nadie os eligió. No representáis a nadie. Sois una institución totalitaria y ni siquiera sabéis deletrear las palabras libertad de expresión. No deberíamos aceptar la multa de X sino abolir la Comisión Europea», se sumó el holandés Geert Wilders.
«El ataque de la Comisión a X lo dice todo. Cuando los amos bruselenses no pueden ganar el debate, recurren a las multas. Europa necesita libertad de expresión, no burócratas no electos que decidan qué podemos leer o decir. ¡Felicitaciones a Elon Musk por mantener las líneas», añadió el húngaro Viktor Orban. «La UE se hunde en la corrupción. Los comisarios se enfrentan a graves cargos, la Comisión y el Parlamento están envueltos en un escándalo, pero Bruselas sigue arrogándose superioridad moral. La UE debería denunciar la corrupción en Ucrania, pero una vez más se repite la misma historia: Bruselas y Kiev se protegen mutuamente en lugar de afrontar la verdad», ha añadido con su recurrente obsesión con Ucrania.
Fuente: elmundo.es






