Desde septiembre del año pasado, mi tío Orlando Farías, de 87 años, comenzó con problemas cardíacos y una infección en una pierna por una herida mal tratada y estuvo hasta febrero entrando y saliendo de un hospital público en Santiago. Es importante indicar que las afecciones cardíacas han sido la causa de muerte de los hombres de mi familia materna. Ya en febrero, dado de alta y estando en recuperación en su casa, pasan de CESFAM a vacunar a los adultos mayores del barrio, sin ficha médica y sin preguntar, simplemente inocularon con el virus atenuado a una persona con las defesas bajísimas; por supuesto, fue nuevamente hospitalizado, y aunque su PCR era negativa, lo pasaron por muerte COVID, siendo que la verdadera causa de muerte fue una afección al corazón.
El ex ministro de Salud, Jaime Mañalich, en entrevista en directo para el programa “Quién lo diría” de Radio Infinita, expresó que a más de un año de la pandemia había 900 mil casos certificados, muchos menos de los que él creía para esta fecha, y con 20 mil fallecidos “en un contexto en que nosotros asociamos como muertos a COVID más de los que en realidad son, es decir, le sobre adjudicamos a COVID 19 fallecidos que probablemente no son”.
La noche del 6 de mayo de 2021 la madre de Carolina Turres fallece por complicaciones de un ACV. Como presentaba problemas respiratorios debido a un cáncer terminal y aun cuando le habían aplicado una prueba antígeno, cuyo resultado fue negativo (con una probabilidad baja de tener COVID), le hicieron certificado de defunción por esta causa. Esto generó muchas dudas entre los hijos de la fallecida, debido a que su madre no lo tuvo y estaba además vacunada con las dos dosis de SINOVAC. Como sospechosa se emitió certificado de defunción por COVID; se trata del absurdo protocolo que se aplica en todos los recintos asistenciales sin siquiera esperar el resultado de la PCR.
Carolina y sus hermanos, al saber de este error, se comunicaron con gente conocida dentro del área de la salud, hasta dar con personas de cargos importantes, con el fin de dar vuelta esta situación, que claramente era muy injusta. Además, en el hospital se negaban a hacer cambios a la causa de muerte. Carolina y sus hermanos tenían contactos y son profesionales, pero ¿qué ha pasado entonces con los cientos de familias que no poseen contactos y creen lo que la “autoridad” médica les indica? Efectivamente, la madre nunca tuvo COVID y lo demostró además el examen negativo, lo cual finalmente permitió darle una despedida digna. Según un médico especialista en salud pública (por razones obvias oculta su nombre), esto se hace significativamente para evitar hacer el engorroso proceso de autopsias. Muchos han sido los casos como estos. Incluso, en TV abierta han aparecido casos de suicidios pasados por la “fatal” enfermedad, la cual no ha matado más que a un porcentaje mínimo de la población. Las cifras sin dudas han sido infladas, tal como lo manifiesta el ex ministro de Salud. De hecho, si nos abocamos a un sustento puramente matemático el COVID ha enfermado en un año y 3 meses, a un 5 % de los chilenos, calculando que las cifras oficiales indican 1.427.956 millones de infectados en una población de casi 20 millones de habitantes (sin contar los extranjeros indocumentados, que aumentan considerablemente el número, y sin considerar los enfermos y muertos por otras causas, que han sido etiquetados con esta enfermedad).
CUARENTENAS Y DICTADURA SANITARIA
A casi 9 meses del establecimiento de un estado de excepción, con las libertades coartadas, no pudiendo viajar por nuestro propio país, el turismo quebrado y miles de personas que han perdido su fuente de ingresos, todavía estamos con rígidas cuarentenas que no nos permiten hacer una vida normal.La radicalización de las normas de movilidad ha derivado en situaciones realmente distópicas; funcionarios de Seremi de Salud creyéndose dioses, vecinos denunciantes, el impedimento de las juntas familiares, niños sin poder respirar, jugar, ni ir a la escuela, perdiendo lo más preciado de la infancia. Y los más jóvenes perdiéndose las aventuras propias de su edad.
Además, debemos escuchar todos los días la manipulación de la información por parte de los medios de comunicación, donde se incita (casi) a no respirar y asustan a los ciudadanos, dando las cifras acumuladas en un año, como si fueran del día, y en un escenario donde los políticos se han alineado con fe ciega en estas medidas de control.
Lo más terrorífico es que nadie siquiera es capaz de presentar un espíritu crítico o reflexivo frente a la situación, donde ciudadanos comunes y corrientes han normalizado lo anormal transformándose en pequeños totalitarios, al acusar a vecinos, en casos tan ridículos como estar tomando el sol en la propia terraza un mismo grupo familiar. Y lo peor, es que disfrutan de ello.Esto, además, intensificado con la cada vez más descarada censura frente a los planteamientos disidentes, lo que transforma en realidad las distopías más crueles y terroríficas, que hasta ahora solo eran parte de la literatura y el cine. Ni Orwell llegó a tanto.
Debido al rol de los medios de comunicación, estadísticas «oficiales» de gobiernos y, por supuesto, al de la propia OMS, es que hoy en día nos dicen que han muerto unos 3,7 millones de personas por el «virus» en todo el mundo. Pero ¿qué certeza tenemos de que efectivamente ha sido una pandemia causada por un virus y no otras causas? Los casos totales de infectados corresponden a 174 millones de personas. ¿Usted sabe cuántos millones somos en planeta? Según el último censo del 2019 somos 7.674 millones de terrícolas, entonces, calcule el porcentaje de infectados. ¿Estamos seguros de que todos los infectados han tenido realmente el COVID?
En Bélgica, por ejemplo, se están contabilizando las víctimas de una manera que ningún otro país del mundo lo hace: contar las muertes en hospitales y residencias, incluyendo las muertes en residencias que se sospechan y no se confirman, como casos de Covid-19, en lo que se denomina Protocolo Belga. ¿Quién dice que en otros países no está pasando lo mismo? Según las últimas cifras oficiales de Bélgica, de las 7.703 muertes, el 53% ha sido en residencias.
Según el protocolo de “Consideraciones en el diagnóstico de COVID 19 en Servicio de Urgencia”, es sospechoso cualquier paciente con infección respiratoria aguda, que sea residente transitorio o permanente de una región con transmisión comunitaria, y que, presenta fiebre (37,8ºC) y al menos uno de los siguientes síntomas: odinofagia, rinorrea, tos, disnea, mialgias o cefalea, o al menos 3 de estos síntomas, aunque no tenga fiebre. ¿Acaso no son estos síntomas similares a la influenza? ¿Dónde quedaron los virus sinciciales, neumonías varias y tantas otras enfermedades respiratorias que cada invierno han tenido colapsados los centros de salud en nuestro país?
Sabemos que hablar de cifras suena frio e indolente, no obstante,es importante dejar claro que no estamos negando la existencia de la enfermedad, pero no podemos desconocer que estas cifras son más bajas comparadas con las primeras causas de muerte a nivel mundial, las que según la OMS son cardiopatía isquémica con 7,25 millones de muertes y la afección cerebrovascular con 10,8 millones. Según estimaciones de la obra “Causes of death”, se produjeron 57 millones de defunciones, de las cuales 36 millones fueron el resultado de causas que encajaban en la categoría general de todas las “enfermedades no transmisibles”; por su parte, las enfermedades transmisibles, maternas y perinatales causaron 16 millones de defunciones; y las causas externas y los traumatismos causaron 5 millones de defunciones.
De hecho, el año pasado se dejaron de atender cientos de patologías por prioridad al COVID, y personas que necesitaban exámenes urgentes fueron aplazadas, con el peligro de agravamiento de sus enfermedades.
Por otra parte, ya se está viendo como en muchos comunicados oficiales de gobiernos alrededor del mundo, las muertes se anuncian «con» COVID-19 en lugar de «por» COVID-19, algo demasiado llamativo como para pasarlo por alto, sumado al hecho de que en todas partes los cadáveres son mayoritariamente ocultados a las familias, sin autopsia alguna que determine científicamente que murieron a causa de este virus mediático, y dejando con eso claro que se pueden manipular estadísticas para abultar las muertes por COVID-19, independiente de la causa de muerte real de una persona. Situación que, al final, evidencia más bien un ejercicio de control global por ingeniería social que una pandemia real.
El mismo ex ministro de Salud Jaime Mañalich, hace unos días, se refirió a la actual situación sanitaria producto de la pandemia del coronavirus y la labor del Gobierno con las medidas restrictivas de desplazamiento. En conversación con el programa “Hola Chile” de La Red, el ex titular de Salud fue consultado por su expresión “dictadura sanitaria” y dijo que “es una expresión que yo he usado muchas veces y se refiere a que el mundo, no solo Chile, ha tenido que imponer desde el Estado-Parlamento, Poder Ejecutivo y Judicial, una restricción absolutamente inédita a las libertades de las personas, restricción que mucha gente no está dispuesta a aceptar, lo que ha sido uno de los problemas más graves en el manejo de la pandemia”. “Las cuarentenas prolongadas no funcionan”, aseveró el doctor Mañalich. Sostuvo además que en otros países las medidas restrictivas a propósito de la pandemia se están usando con fines políticos: Venezuela, Cuba, China, Bielorrusia. Son lugares donde las limitaciones de las libertades son tomadas por los gobiernos para el control político. Es cosa de sumar 2 más 2 para darse cuenta de esto.
Hace un año las noticias desde Estados Unidos eran desesperanzadoras, miles de personas muriendo y, en Nueva York, la ciudad más afectada (donde los medios de comunicación atacaban sin piedad a Trump), todo volvió a la normalidad. De hecho, en julio abre en su totalidad. Así pues, ¿por qué no pensar que después de la insurrección, el COVID no le ha venido como anillo al dedo al gobierno de Piñera? ¿Tendremos que esperar que termine su mandato para que el COVID se acabe?
Las prolongadas y excesivas medidas de restricción y preferencia adoptadas por el gobierno, so pretexto de la enfermedad, constituyen un atentando a nuestra cultura globalizada y que, arraigada en una democracia liberal, prometía defender la autonomía del individuo por sobre cualquier contingencia.
EL CUESTIONADO PCR
¿Qué es el PCR? El Polymerase Chain Reaction o Reacción en Cadena de la *Polimerasa es un método que se utiliza para localizar y amplificar fragmentos de material genético o ADN que el propio inventor (el Nobel Kary Mullis) ha dicho que NO sirve para la detección de enfermedades virales, pero que increíblemente es exactamente lo que se utiliza hoy en todos los centros de salud en el mundo para «detectar» el virus de moda, e incluso es el mismo que se usa desde hace años para la «detección» del VIH a través del test de Elisa. Yo me lo hice el 2018 para identificar si había virus en mi sistema que en ese entonces me estaban provocando inflamación, por lo tanto, no son exclusivos para detectar COVID, como muchos han hecho creer. Por otro lado, dudo de la rigurosidad de detección ante la oleada de PCR que se están haciendo a diario. De hecho, existen bastantes coronavirus rondando en el ambiente, de los cuales algunos provocan el típico resfrío común. Doctores ya lo han afirmado, es muy posible que el PCR marque positivo a cualquier coronavirus.
El mismo Mañalich destacó la importancia de que se comiencen a hacer pruebas de antígenos en vez de PCR. “La técnica de PCR tienen limitaciones enormes para ser usada como estrategia de control de la pandemia, porque es un examen invasivo, toma mucho tiempo el resultado, todo lo que sabemos”. De hecho, en Inglaterra la gente se hace test de antígenos en las casas, y en Estados Unidos nunca se hizo el examen nasofaríngeo invasivo y molesto que se hace acá, hacen el de tipo bucal, donde a la persona se le entrega un cotonito, el cual deber pasar por su boca, absorbiendo la saliva y se entrega en una bolsa sellada al funcionario de salud.
El inventor de la técnica usada para la detección del Covid-19 denominada PCR, fue el Doctor en Bioquímica de la Universidad de Berkeley (California), Kary Mullis quién fuera galardonado en 1993 con el premio Nobel de Química precisamente por inventar aquella técnica. Cuando Mullis fue consultado sobre este hecho de que su técnica estaba siendo usada para detectar enfermedades virales él dijo lo siguiente: «Habría renunciado al Nobel si hubiera sabido el uso que se le darían a mi invento». De hecho, Mullis en su libro «Danza descarnada en el campo de la mente» (Dancing Naked in the Mind Field), Editorial Bloomsbury, Londres, 2000, lo señaló claramente diciendo que «La técnica de PCR solo detecta ADN no cargas virales».
En nuestro país, ante la ola de terror transmitida por los medios de comunicación y la misma campaña del MINSAL, la gente hace filas para hacerse el PCR, sin siquiera haber tenido contacto con algún enfermo. Yo misma lo pude corroborar la semana pasada cuando al ir al centro médico por una radiografía había una larga fila para los PCR, a una mujer que estaba esperando le preguntan la razón por qué se estaba realizando el examen y su respuesta fue por lo menos insólita: “es que estoy resfriada”, señaló.
El técnico en Enfermería David Tapia, quien trabaja en un vacunatorio de la Región metropolitana nos comenta que una de las probabilidades del aumento de casos positivos que se está estudiando, es que las personas que se han vacunado, a la semana de haber sido inoculados van a hacerse el examen, y que obviamente les va a salir positivo.
La doctora Alexandra Herion- Caude, genetista viróloga francesa, ha dicho junto con otros médicos a nivel mundial que existe un examen que se llama la colorimetría, que es un examen donde se analiza la luz en un virus, y es una técnica más precisa y barata que el PCR. Algo raro hay en todo esto, como argumento adicional, las pruebas PCR fueron licitados con la sigla COVID19 el año 2017 a todos los gobiernos del mundo ¿Cómo dos años antes sabían los gobiernos que vendría un virus llamado COVID19?
¿Qué rayos entonces está pasando con todo esto? Las pruebas usadas para detectar enfermedad por coronavirus no sirven, y se pone peor cuando se trata de los denominados «test rápidos» que solo detectan anticuerpos, no virus. ¿Como entonces podemos decir que han muerto tantas personas por esta causa? Aquí estamos viendo cuan profundo es el agujero del engaño y al mismo tiempo lo eficiente que ha sido la ingeniería social con la que nos han metido en nuestras casas muertos de miedo.
HOSPITALES SATURADOS
El ministro de Salud, Enrique Paris, anunció un colapso hospitalario con el 97 % de las camas UCI copadas por pacientes COVID, nuevamente y con una irresponsabilidad tremenda está asustando a la población. Si usted ve los titulares de diferentes medios en años anteriores en esta fecha los hospitales y sus UCIS respectivas, siempre han estado colapsadas (véase imágenes adjuntas), principalmente, con enfermedades respiratorias por la temporada invernal, la diferencia es que ahora todas las enfermedades se denominan COVID.
El viñamarino Francisco Rivera, nos cuenta que hace unos cuatro meses llegó al Hospital Van Buren por un fuerte dolor debido era una hernia, que era urgente de operar y relata : “al momento que dicen sacarse toda la ropa y estirarme en la camilla viene la enfermera directo a intubarme, yo con mi carácter fuerte, tomo las mangueras y se la tiro en su cara y le digo a mí no me entubas, vengo por otra cosa , entonces ahí aparece el médico que estaba a un lado y reacciona diciéndole no le pongas nada”
¿Qué está pasando? ¿Cuál es la verdad que se está viviendo en los hospitales? El joven ciclista muerto hace unas semanas por el virus comentó a su hermano que ya se sentía mejor y que no entendía por qué lo iban a intubar, finalmente falleció. Hace un año apareció un video donde 3 profesionales italianos que pertenecen a una asociación fundada por el profesor Giulio Tarro, el magistrado Angelo Giorgianni y el doctor Pasquale Mario Bacco. Quienes fueron invitados al Congreso de los Diputados para ofrecer una rueda de prensa. Ren esa ocasión afirmaron, en términos médicos, que las medidas que se han tomado con los pacientes en algunos casos han sido igual que «dispararles», refiriéndose a la aplicación de respiradores, entre otro tipo de tratamientos.
El médico e investigador Pasquale Bacco fue más enfático aún es un «virus ridículo comparado con lo que nos describieron: el COVID-19 no ha matado a nadie, ni siquiera a una persona que no tuviera problemas con el sistema inmunológico o enfermedades previas», afirma en su intervención. Y señala a las autopsias apuntando que los protocolos médicos establecidos han sido erróneos y los causantes de las muertes. «Eliminamos por completo los fármacos que hoy curan: heparina, antiinflamatorios, hidroxicloroquina. En cambio, dimos lo contrario, ventilación profunda». Esta es, precisamente la parte de la intervención que está circulando en redes:» Quemamos los pulmones porque el oxígeno que introducíamos en el sistema respiratorio ni siquiera podía usarse para la tromboembolia pulmonar». Y añade de forma contundente: «Disparábamos en los pulmones, los oxidamos y quemamos, matamos gente y los médicos se han convertido en instrumentos de muerte».
CORREOS FAUCI E INDUSTRIA FARMACÉUTICA
Todos sabemos del dudoso origen del virus. En estos días se han filtrado los correos del doctor Anthony Fauci está en tela de juicio en Estados Unidos. Este doctor prodemócrata y asesor de la Casa Blanca ha sido bombardeado con fuego amigo., el director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas (NIAID), ha sido señalado, después de que se publicara en el diario del fundador de Amazon, Jeff Bezos, el Washington Post, miles de emails que comprometen seriamente a Fauci. En ellos, se puede leer cómo el doctor sabía perfectamente que el virus podía haber salido del laboratorio de Wuhan y además estaba al corriente de que podía ser un virus diseñado y peligroso, mucho antes de la declaración de la pandemia mundial.
Entre los e-mails que también llama la atención son los que tuvo con Mark Zuckerberg, quien agradece a Fauci su «liderazgo» al tiempo que le informa sobre la intención de Facebook de poner en marcha un «centro de información» sobre el Covid-19. ¿Centro de información o centro de manipulación mediática? Sabemos que Facebook censuró hasta hace poco todo aquello que inducía al origen “no natural” del virus.
Todo esto base utilizada por el mainstream mediático americano, del también participaba el diario de Bezos, para burlarse de «los conspiranoicos», como Donald Trump, que creían firmemente que el coronavirus salió del laboratorio de Wuhan. Curiosamente, los que estaban conspirando para ocultar la verdad eran los científicos, el Partido Demócrata y el conglomerado mediático anti-Trump, el mismo que se ha jactado de que contra el expresidente republicano «todo valía» (como llegó a publicar el Time cuando reconoció el complot mediático para ocultar posibles pruebas de fraude electoral en las pasadas elecciones del 3-N en EE. UU).
Quienes dijeron la verdad en su momento han sido los rebeldes de esta historia, tal como dice George Orwell en su novela distópica 1984: “En tiempos de engaño universal, decir la verdad es un acto revolucionario”. La cuestión es que ahora se abren muchos interrogantes. ¿Por qué esta alianza científico-mediática-política ha traicionado a Fauci? ¿Es el chivo expiatorio de Biden? ¿Necesitan alguien a quién echarle la culpa? ¿Se han roto las relaciones con China y ahora los demócratas quieren investigar la verdad? ¿Se llevó a cabo un grave encubrimiento global para derrocar a Trump?
La respuesta a todo lo que está ocurriendo no es del área de la salud, es político-económica y, además, del tema con China, que claramente es una encubierta guerra fría con Estados Unidos. También radica en el hecho de que quiénes controlan la OMS. Desde el momento en que nos tienen a todos encerrados en nuestras casas por una enfermedad virulenta que nadie ha podido detectar (porque las pruebas PCR y los «test rápidos» no sirven para ello), es que nos han instalado el escenario perfecto para la quiebra de millones de pequeñas y medianas empresas que serán absorbidas mediante deudas por los mismos dueños de los bancos.
Del tema de la vacuna no me referiré en esta oportunidad, ya que da para una segunda parte de esta columna. En redes sociales ya es común ver discusiones entre vacunados y no vacunados, donde posturas en contra están develando pensamientos totalitarios, y en opuestas a todos los tratados de ética mundiales, incluyendo el código de Nuremberg: un atentando contra toda la libertad individual. Con espanto he leído ideas de confinar solo a los no vacunados, o de solicitudes de no atención médica a quienes no lo están, en un contexto nuevamente sacado de la más horrorosa idea distópica. Frente a esto los medios de comunicación continúan confabulados con el gobierno generando una campaña del terror. El mismo ministro de Salud, Enrique Paris ha expresado que: “Llamar a no vacunarse es llamar a la muerte” y enfatizó que, si bien la vacuna es voluntaria, «la mayoría de los pacientes en las UCI son pacientes sin vacunas». Por lo anterior me pregunto, ¿cuáles serán los compromisos económicos que está teniendo el gobierno frente a esta insistencia? Finalmente, lo que nos han inoculado ha sido el totalitarismo y el miedo.
Fuente: revistaindividuo.cl






