La crisis de distribución de combustibles que azota a nuestro país sigue cobrando facturas dolorosas, pero ninguna tan indolente como la que hoy estrangula a la población de Soledad y sus zonas aledañas.
La escasez crónica de gasoil no es solo un problema logístico; se ha convertido en una barrera implacable para el derecho al trabajo, a la salud y a la libre circulación de cientos de ciudadanos que diariamente dependen del transporte público para trasladarse entre Soledad y Ciudad Bolívar.
Lo más grave de esta realidad no es únicamente la falta del recurso, sino el manejo presuntamente discrecional y excluyente que se estaría dando al combustible en las narices de la propia comunidad.
El transporte público, de rodillas y olvidado
Mientras las busetas y los autobuses que cubren las rutas urbanas e interurbanas pasan días enteros confinados en largas y humillantes colas, esperando un cupo que muchas veces no llega, la realidad operativa del transporte público agoniza.
Las familias de Soledad, los trabajadores, los estudiantes y los pacientes que necesitan trasladarse a Ciudad Bolívar para recibir atención médica ven cada día más limitado su derecho a movilizarse.
Los transportistas, verdaderos héroes anónimos que sostienen la movilidad local con enormes sacrificios, se enfrentan a un bloqueo sistemático. Se les relega, se les ignora y se les margina del suministro prioritario, pese a que su actividad resulta fundamental para garantizar la movilidad de toda la población.
La prioridad invertida: ¿gasoil para la Alcaldía y no para el pueblo?
Mientras usuarios y transportistas sufren el calvario de la escasez, existe una preocupación creciente en la comunidad sobre la forma en que se estaría distribuyendo el gasoil en las estaciones y puntos asignados.
Particularmente, se cuestiona que vehículos y unidades pertenecientes a la Alcaldía del municipio Independencia puedan recibir combustible mientras el transporte público enfrenta enormes dificultades para abastecerse.
De comprobarse esta situación, estaríamos ante una grave inversión de prioridades: mientras los trabajadores necesitan combustible para poder llegar a sus empleos, los estudiantes para asistir a clases y los ciudadanos para trasladarse por razones de salud o necesidad, el aparato oficial estaría recibiendo un trato preferencial.
El combustible destinado a garantizar la movilidad y el funcionamiento de los servicios públicos debe administrarse con criterios de transparencia, equidad y verdadero interés colectivo.
¿Ineficiencia o presunto desvío?
Esta situación plantea preguntas que las autoridades están obligadas a responder.
La falta de transparencia sobre los mecanismos utilizados para asignar y distribuir el gasoil alimenta legítimas dudas en la población. Si existen cupos diferenciados para instituciones públicas, ¿quién los controla? ¿Cuánto combustible recibe la Alcaldía? ¿Qué unidades son abastecidas? ¿Con qué frecuencia? ¿Cuánto recibe el transporte público de Soledad? ¿Quién supervisa que cada litro llegue al destino para el cual fue asignado?
No se trata de acusar sin pruebas, sino de exigir información, rendición de cuentas y mecanismos de contraloría social que permitan despejar cualquier duda sobre el manejo del combustible.
Cuando un recurso tan escaso se administra sin transparencia, la desconfianza termina creciendo entre los ciudadanos.
Un llamado a la rectificación y a la justicia
La población de Soledad no puede seguir pagando el costo de una crisis que afecta directamente su movilidad, su economía y su calidad de vida.
Las autoridades municipales y los organismos responsables de la distribución del combustible tienen la obligación de rendir cuentas claras y garantizar que el transporte público reciba un suministro suficiente y regular.
Es urgente:
– Garantizar cupos reales y prioritarios para el transporte público urbano e interurbano que comunica Soledad con Ciudad Bolívar.
– Transparentar la cantidad de gasoil asignada a las instituciones públicas y explicar públicamente su utilización.
– Auditar, cuando corresponda, el uso del combustible asignado a la Alcaldía para garantizar que sea utilizado exclusivamente para los fines autorizados.
– Restablecer la transparencia en las estaciones de servicio y en los mecanismos de asignación de combustible.
– Garantizar que el transporte público tenga condiciones mínimas para prestar un servicio digno y continuo a la población.
El transporte público no es un lujo; es la columna vertebral de la movilidad y de la actividad económica de Soledad.
Dejar a los trabajadores, estudiantes, pacientes y familias sin transporte mientras otros sectores reciben un trato preferencial no puede convertirse en la normalidad.
Soledad merece combustible, transporte y servicios públicos administrados con transparencia, equidad y respeto por sus ciudadanos.





